Nuestra historia
Un sueño hecho realidad.
Villa Galaequia nace del amor por los caballos, un amor que ha estado conmigo desde que era niña, y que viene de familia.
Mi nombre es Raquel Portal Davila, y mi historia comienza cuando tenía 5 o 6 años, de la mano de mi abuelo materno, José Davila. Un domingo, estando en la aldea, mi familia decidió llevarme a un evento ecuestre en un pueblito cercano. Mis ojos alucinaban rodeada de aquellos bellos animales: los caballos.
En aquella feria, rifaban un potrito de unos 7 meses, y mi abuelo me compró una rifa. Yo, siempre tan optimista, confiaba en que sería la propietaria de aquel potrito alazán. Estaba tan ilusionada… Pero esa tarde la suerte no estuvo de mi lado, y lloré hasta el agotamiento. Mi abuelo, que lo daba todo por su nieta, se sintió triste al verme así.
Él había tenido caballos en una pequeña cuadra contigua a la casa del pueblo y siempre le habían gustado mucho. Compartíamos muchas historias, y yo disfrutaba escuchándole hablar de su pasado. Al verme tan triste, mi abuelo decidió devolverme la ilusión.
Cerca de mi aldea, había una asociación de montes donde algunos vecinos tenían caballos viviendo en libertad. Era un lugar precioso, con una presa, donde los caballos iban a beber, muchos árboles que le ofrecían sombra a los caballos en verano y algo de refugio en invierno, y también grandes explanadas verdes donde todos galopaban en manada.
No sé cómo lo hizo mi abuelo…, ni con quién habló, pero en menos de dos semanas, compró dos caballos. Eran una yegua castaña, a la que yo llamé “Cascabel”, y un potro grande, de unos tres años, de capa palomina, al que llamamos “Rubio”. Para nuestra sorpresa, Cascabel estaba embarazada y poco después llegó “Oro”, un potrito alazán.
Yo;siendo tan pequeña, ya me daba cuenta de lo especial que era mi abuelo. Siempre pensaba en hacerme feliz, y vaya si lo logró… Tuve una infancia maravillosa. ¡Qué suerte haber tenido los mejores abuelos del mundo! Pepe, como lo llamaban en el pueblo, compartía conmigo esa ilusión por los caballos, y mi abuela Margarita nos preparaba cenas deliciosas y escuchaba nuestras historias de caballos cuando volvíamos de pasar la tarde en nuestra finca de La Senra, o de los montes de la libertad. ¡Qué recuerdos tan maravillosos de aquellos veranos en bermudas y con sombrerito de paja!
Con vosotros; empezó todo… Gracias abuelos, por hacerme la niña más feliz del mundo! Allá donde estéis, os llevo conmigo. Os estaré eternamente agradecida.
Cuando tenía 8 años, mi madre, viendo lo mucho que me importaban los caballos, me apuntó a clases de equitación. ¡Era lo que más disfrutaba! Al principio, las escuelas de equitación cercanas nos guiaban más hacia la disciplina de salto de obstáculos. Llegué a competir en concursos sociales y algún territorial.
Más adelante, también compartí momentos con mi padre y los caballos. Poco después de mudarnos de la ciudad de Vigo a una casa en las afueras, mi padre hizo nuevas amistades, y aunque ya le gustaban los caballos, se aficionó aún más por el tema ecuestre. Con él, y con el resto de la familia y amigos cercanos, viví domingos a caballo paseando por el campo y viajes por toda la península, conociendo más sobre el mundo del Pura Raza Español (P.R.E.). Poco a poco, comenzamos a crear una pequeña ganadería en casa.
Fueron pasando los años…, me hice mayor, y poco a poco descubrí que el ser adulta ,a veces complica un poco las cosas…y que ya no es todo tan maravilloso e idílico como en la infancia.
Llegó un momento difícil de mi vida; y necesitaba un cambio; volver a encontrarme con la ilusión de aquella niña…;y que mejor que volver a compartir momentos con los caballos!
Fue entonces cuando decidí dar un giro a todo, y me trasladé a Cataluña (en principio era solo por una temporada…) dejaba atrás mi trabajo, mi familia y a mis amigos; para irme a uno de los centros de formación ecuestre más especializados de España en doma clásica. Esta disciplina siempre me había atraído por la gran comunicación y armonía que puede existir entre jinete y caballo.
Fue a finales del verano del 2008,cuando llegué al C.A.V.A. (Centro de Adiestramiento Víctor Álvarez). Tenía muchísimas ganas de aprender y mejorar, con la idea de poder preparar algunos de los caballos P.R.E. que teníamos en casa para la competición. En Galicia, en ese momento, no había muchos centros especializados en esta disciplina.
Lo que no sabía es que ese viaje cambiaría mi vida para siempre. Allí descubrí mi verdadera pasión: la doma clásica. Además viví una de las mejores épocas de mi vida. Conocí a personas que compartían la misma ilusión que la mía, y aprendí todo lo que pude. En este mundo nunca dejas de aprender y sentir cosas nuevas…Cuanto más te adentras, más quieres seguir… Compartimos momentos con tantos profesionales que me di cuenta de que mi trayectoria deportiva ecuestre apenas comenzaba.
La doma clásica es una pasión, un arte, una forma de sentir y de compartir momentos con los caballos…además de un deporte maravilloso, lleno de valores, de responsabilidad y de cuidados hacia estos maravillosos animales.
En C.A.V.A. también tuve la gran suerte de conocer al amor de mi vida: Javi(Francisco Javier López López-Sepúlveda). Él, un extremeño que llegó a Gerona buscando lo mismo que yo, se adentró también en el mundo de la doma clásica. Allí compartimos tantas ilusiones, tantos momentos con amigos y profesionales del sector que jamás podremos olvidar aquella maravillosa etapa de nuestras vidas.
Desde entonces, hemos recorrido mucho en este mundo. Nos hemos formado todo lo que hemos podido, hicimos varios cursos y conseguimos las titulaciones como técnicos deportivos en equitación y también obtuvimos todos los diplomas de la British Horse Society. Nos empapamos como esponjas de los conocimientos de los grandes profesionales que conocimos. Pero aún sentíamos la inquietud de seguir creciendo, y gracias al apoyo de nuestras familias, tuvimos la oportunidad de conocer otros lugares de gran trayectoria ecuestre; pudimos seguir formándonos y trabajando con los caballos y en la doma clásica en otros lugares de España: Navarra,Barcelona, Andalucía,Madrid…
Hicimos muchas mudanzas con nuestros caballos y la familia perruna. Vivimos diferentes etapas después de Gerona, formándonos y trabajando junto a grandes profesionales. Tuvimos ilusiones, algunas decepciones, pero todo fue un gran aprendizaje. Este mundo es apasionante, aunque a veces difícil. Aun así, no cambiaríamos nada de nuestra trayectoria y siempre seguimos, y seguiremos con ganas de más.
Echando la vista atrás, podemos decir que gran parte de nuestra vida laboral y deportiva estuvo sobre todo enfocada en Cataluña y Madrid.
En Madrid, nos establecimos varios años ,donde pudimos vivir de cerca el mundo de la competición, algo que nos apasiona. El trabajo diario, la búsqueda de la perfección, y la ilusión de trabajar por una meta es lo que más nos hace vibrar.
Fue en Madrid también dónde tuvimos la oportunidad de competir a nivel territorial y nacional. Además, compartimos un proyecto maravilloso con una familia muy apasionada por los caballos y la doma clásica. Durante años, trabajamos como entrenadores y acompañamos a su hija; (nuestra alumna) en todas sus competiciones, desde los campeonatos de la Comunidad de Madrid, pasando por varias competiciones nacionales, hasta llegar al Campeonato de España de menores en categoría juvenil y más adelante participando también en el campeonato de España de adultos; obteniendo grandes resultados.
Fue una etapa magnífica y muy enriquecedora a nivel deportivo y de mucho aprendizaje. Agradecidos estaremos siempre a esta familia por haber confiado en nuestro trabajo y por su amistad.
También vivimos otras experiencias maravillosas con otras alumnas y alumnos, de Madrid y de otros lugares…a todos ellos les tenemos muchísimo aprecio y cariño. Gracias a todos también por vuestra confianza y por todo lo compartido en aquellos momentos …fue mucho y muy bonito lo vivido; siempre rodeados de caballos…
A lo largo de nuestras vidas, hemos sido muy afortunados y felices, pero sentíamos que queríamos dar un paso más: formar nuestro hogar, nuestra propia cuadra, desarrollar nuestro proyecto de vida. Después de muchos años de trabajo y esfuerzo, superando incluso una pandemia, por fin llegamos a Galicia.
Con mucho amor e ilusión, hoy podemos presentaros por fin nuestro hogar, nuestro sueño hecho realidad: Villa Galaequia. Aquí, los caballos tienen el principal protagonismo. Queremos que todos ellos y nuestra familia perruna vivan con nosotros felices para siempre!
Pero… aquí no termina el cuento!…:
En Villa Galaequia; también hemos preparado un espacio mágico para celebraciones y eventos especiales: bodas, bautizos, comuniones,fiestas navideñas,etc.
Para que podáis disfrutar en compañía de familiares y amigos y os sintáis como en casa, ya sea en el bonito jardín, en el gran porche para el veranito, o en algunos de nuestros salones con chimenea para el frío invierno…nos encantaría que Villa Galaequia forme parte de recuerdos inolvidables de vuestra vida.
Por último; y lo más importante, queremos expresar nuestro eterno agradecimiento a nuestras familias, por todo su apoyo a lo largo de los años, pero sobre todo queremos hacer una mención muy especial a Charo; mi madre; ya que gracias a su gran ayuda a todos los niveles, todo su esfuerzo, su lucha e implicación, hemos conseguido que el sueño de nuestras vidas se haya convertido en una realidad…
Si ti mamá; Villa Galaequia nunca hubiera existido.
¡Gracias, por todo, de corazón,y por ser nuestro motor!
Eres mi mayor fortuna.
Un sueño hecho realidad.
Villa Galaequia nace del amor por los caballos, un amor que ha estado conmigo desde que era niña, y que viene de familia.
Mi nombre es Raquel Portal Davila, y mi historia comienza cuando tenía 5 o 6 años, de la mano de mi abuelo materno, José Davila. Un domingo, estando en la aldea, mi familia decidió llevarme a un evento ecuestre en un pueblito cercano. Mis ojos alucinaban rodeada de aquellos bellos animales: los caballos.
En aquella feria, rifaban un potrito de unos 7 meses, y mi abuelo me compró una rifa. Yo, siempre tan optimista, confiaba en que sería la propietaria de aquel potrito alazán. Estaba tan ilusionada… Pero esa tarde la suerte no estuvo de mi lado, y lloré hasta el agotamiento. Mi abuelo, que lo daba todo por su nieta, se sintió triste al verme así.
Él había tenido caballos en una pequeña cuadra contigua a la casa del pueblo y siempre le habían gustado mucho. Compartíamos muchas historias, y yo disfrutaba escuchándole hablar de su pasado. Al verme tan triste, mi abuelo decidió devolverme la ilusión.
Cerca de mi aldea, había una asociación de montes donde algunos vecinos tenían caballos viviendo en libertad. Era un lugar precioso, con una presa, donde los caballos iban a beber, muchos árboles que le ofrecían sombra a los caballos en verano y algo de refugio en invierno, y también grandes explanadas verdes donde todos galopaban en manada.
No sé cómo lo hizo mi abuelo…, ni con quién habló, pero en menos de dos semanas, compró dos caballos. Eran una yegua castaña, a la que yo llamé “Cascabel”, y un potro grande, de unos tres años, de capa palomina, al que llamamos “Rubio”. Para nuestra sorpresa, Cascabel estaba embarazada y poco después llegó “Oro”, un potrito alazán.
Yo;siendo tan pequeña, ya me daba cuenta de lo especial que era mi abuelo. Siempre pensaba en hacerme feliz, y vaya si lo logró… Tuve una infancia maravillosa. ¡Qué suerte haber tenido los mejores abuelos del mundo! Pepe, como lo llamaban en el pueblo, compartía conmigo esa ilusión por los caballos, y mi abuela Margarita nos preparaba cenas deliciosas y escuchaba nuestras historias de caballos cuando volvíamos de pasar la tarde en nuestra finca de La Senra, o de los montes de la libertad. ¡Qué recuerdos tan maravillosos de aquellos veranos en bermudas y con sombrerito de paja!
Con vosotros; empezó todo… Gracias abuelos, por hacerme la niña más feliz del mundo! Allá donde estéis, os llevo conmigo. Os estaré eternamente agradecida.
Cuando tenía 8 años, mi madre, viendo lo mucho que me importaban los caballos, me apuntó a clases de equitación. ¡Era lo que más disfrutaba! Al principio, las escuelas de equitación cercanas nos guiaban más hacia la disciplina de salto de obstáculos. Llegué a competir en concursos sociales y algún territorial.
Más adelante, también compartí momentos con mi padre y los caballos. Poco después de mudarnos de la ciudad de Vigo a una casa en las afueras, mi padre hizo nuevas amistades, y aunque ya le gustaban los caballos, se aficionó aún más por el tema ecuestre. Con él, y con el resto de la familia y amigos cercanos, viví domingos a caballo paseando por el campo y viajes por toda la península, conociendo más sobre el mundo del Pura Raza Español (P.R.E.). Poco a poco, comenzamos a crear una pequeña ganadería en casa.
Fueron pasando los años…, me hice mayor, y poco a poco descubrí que el ser adulta ,a veces complica un poco las cosas…y que ya no es todo tan maravilloso e idílico como en la infancia.
Llegó un momento difícil de mi vida; y necesitaba un cambio; volver a encontrarme con la ilusión de aquella niña…;y que mejor que volver a compartir momentos con los caballos!
Fue entonces cuando decidí dar un giro a todo, y me trasladé a Cataluña (en principio era solo por una temporada…) dejaba atrás mi trabajo, mi familia y a mis amigos; para irme a uno de los centros de formación ecuestre más especializados de España en doma clásica. Esta disciplina siempre me había atraído por la gran comunicación y armonía que puede existir entre jinete y caballo.
Fue a finales del verano del 2008,cuando llegué al C.A.V.A. (Centro de Adiestramiento Víctor Álvarez). Tenía muchísimas ganas de aprender y mejorar, con la idea de poder preparar algunos de los caballos P.R.E. que teníamos en casa para la competición. En Galicia, en ese momento, no había muchos centros especializados en esta disciplina.
Lo que no sabía es que ese viaje cambiaría mi vida para siempre. Allí descubrí mi verdadera pasión: la doma clásica. Además viví una de las mejores épocas de mi vida. Conocí a personas que compartían la misma ilusión que la mía, y aprendí todo lo que pude. En este mundo nunca dejas de aprender y sentir cosas nuevas…Cuanto más te adentras, más quieres seguir… Compartimos momentos con tantos profesionales que me di cuenta de que mi trayectoria deportiva ecuestre apenas comenzaba.
La doma clásica es una pasión, un arte, una forma de sentir y de compartir momentos con los caballos…además de un deporte maravilloso, lleno de valores, de responsabilidad y de cuidados hacia estos maravillosos animales.
En C.A.V.A. también tuve la gran suerte de conocer al amor de mi vida: Javi(Francisco Javier López López-Sepúlveda). Él, un extremeño que llegó a Gerona buscando lo mismo que yo, se adentró también en el mundo de la doma clásica. Allí compartimos tantas ilusiones, tantos momentos con amigos y profesionales del sector que jamás podremos olvidar aquella maravillosa etapa de nuestras vidas.
Desde entonces, hemos recorrido mucho en este mundo. Nos hemos formado todo lo que hemos podido, hicimos varios cursos y conseguimos las titulaciones como técnicos deportivos en equitación y también obtuvimos todos los diplomas de la British Horse Society. Nos empapamos como esponjas de los conocimientos de los grandes profesionales que conocimos. Pero aún sentíamos la inquietud de seguir creciendo, y gracias al apoyo de nuestras familias, tuvimos la oportunidad de conocer otros lugares de gran trayectoria ecuestre; pudimos seguir formándonos y trabajando con los caballos y en la doma clásica en otros lugares de España: Navarra,Barcelona, Andalucía,Madrid…
Hicimos muchas mudanzas con nuestros caballos y la familia perruna. Vivimos diferentes etapas después de Gerona, formándonos y trabajando junto a grandes profesionales. Tuvimos ilusiones, algunas decepciones, pero todo fue un gran aprendizaje. Este mundo es apasionante, aunque a veces difícil. Aun así, no cambiaríamos nada de nuestra trayectoria y siempre seguimos, y seguiremos con ganas de más.
Echando la vista atrás, podemos decir que gran parte de nuestra vida laboral y deportiva estuvo sobre todo enfocada en Cataluña y Madrid.
En Madrid, nos establecimos varios años ,donde pudimos vivir de cerca el mundo de la competición, algo que nos apasiona. El trabajo diario, la búsqueda de la perfección, y la ilusión de trabajar por una meta es lo que más nos hace vibrar.
Fue en Madrid también dónde tuvimos la oportunidad de competir a nivel territorial y nacional. Además, compartimos un proyecto maravilloso con una familia muy apasionada por los caballos y la doma clásica. Durante años, trabajamos como entrenadores y acompañamos a su hija; (nuestra alumna) en todas sus competiciones, desde los campeonatos de la Comunidad de Madrid, pasando por varias competiciones nacionales, hasta llegar al Campeonato de España de menores en categoría juvenil y más adelante participando también en el campeonato de España de adultos; obteniendo grandes resultados.
Fue una etapa magnífica y muy enriquecedora a nivel deportivo y de mucho aprendizaje. Agradecidos estaremos siempre a esta familia por haber confiado en nuestro trabajo y por su amistad.
También vivimos otras experiencias maravillosas con otras alumnas y alumnos, de Madrid y de otros lugares…a todos ellos les tenemos muchísimo aprecio y cariño. Gracias a todos también por vuestra confianza y por todo lo compartido en aquellos momentos …fue mucho y muy bonito lo vivido; siempre rodeados de caballos…
A lo largo de nuestras vidas, hemos sido muy afortunados y felices, pero sentíamos que queríamos dar un paso más: formar nuestro hogar, nuestra propia cuadra, desarrollar nuestro proyecto de vida. Después de muchos años de trabajo y esfuerzo, superando incluso una pandemia, por fin llegamos a Galicia.
Con mucho amor e ilusión, hoy podemos presentaros por fin nuestro hogar, nuestro sueño hecho realidad: Villa Galaequia. Aquí, los caballos tienen el principal protagonismo. Queremos que todos ellos y nuestra familia perruna vivan con nosotros felices para siempre!
Pero… aquí no termina el cuento!…:
En Villa Galaequia; también hemos preparado un espacio mágico para celebraciones y eventos especiales: bodas, bautizos, comuniones,fiestas navideñas,etc.
Para que podáis disfrutar en compañía de familiares y amigos y os sintáis como en casa, ya sea en el bonito jardín, en el gran porche para el veranito, o en algunos de nuestros salones con chimenea para el frío invierno…nos encantaría que Villa Galaequia forme parte de recuerdos inolvidables de vuestra vida.
Por último; y lo más importante, queremos expresar nuestro eterno agradecimiento a nuestras familias, por todo su apoyo a lo largo de los años, pero sobre todo queremos hacer una mención muy especial a Charo; mi madre; ya que gracias a su gran ayuda a todos los niveles, todo su esfuerzo, su lucha e implicación, hemos conseguido que el sueño de nuestras vidas se haya convertido en una realidad…
Si ti mamá; Villa Galaequia nunca hubiera existido.
¡Gracias, por todo, de corazón,y por ser nuestro motor!
Eres mi mayor fortuna.